Compartir oficina ahora es hacer Coworking

Teniamos una oficiana en Barcelona en la calle Mistral que la compartimos durante muchos años con distintos amigos de diferentes profesiones, esto que era compartir gastos ahora se llama coworking. Es una idea de negocios muy amplia y que hoy con las tecnologias wi fi es mucho más fácil y dinamica.
Proporcioner disminuir costos para el emprendedor es muy importante en sus inicios y clave para sobrevivir los primeros meses.

En un contexto en que muchas empresas se ven obligadas a reducir costes y una gran cantidad de profesionales han sido despedidos, el coworking o la oficina compartida puede ayudar a mantener un proyecto empresarial o bien crearlo de nuevo. No se trata solo de convivir con otros autónomos y free lances en un mismo espacio. La iniciativa plantea una nueva concepción de cómo pueden ser de enriquecedoras las relaciones entre profesionales de diversos ámbitos, crear sinergias y allanar el camino a los que deciden dejar de buscar trabajo para crear el suyo propio.



Los orígenes de esta nueva tendencia se encuentran en Estados Unidos. El coworking empezó a arraigar en Europa sobre todo a raíz de la crisis económica. En la actualidad se contabilizan más de una treintena de centros de este tipo en España, concentrados principalmente en Madrid Y Barcelona, y que aparecen en esta web. La idea consiste en fusionar el ambiente silencioso y serio de una oficina con el de un coffee shop, aunque cada uno tiene su personalidad. Cada cowork abarca un tipo de público diferente, aunque la mayoría suelen estar frecuentados por profesionales liberales o bien por trabajadores de multinacionales que se ven obligados a cambiar a menudo de ciudad para llevar a cabo sus negocios.



La fórmula también hace más asequible trasladar el despacho de casa a un espacio que proyecte una imagen profesional. El coste por alquilar un puesto de trabajo en uno de estos centros oscila entre unos 125 euros y 250 euros al mes, precio que incluye, además de la mesa, los suministros básicos y servicios compartidos que van desde Internet, mensajería, espacios de biblioteca, cocina o salas de reuniones. Reducir gastos y combatir la soledad del free lance son dos de las ventajas que esgrimen muchos de los que trabajan de esta manera y, como desventaja, algunos señalan la pérdida de intimidad.



No obstante, los gerentes de centros coworking consultados corroboran el éxito de la fórmula. “Desde hace más de un año no tenemos sitio, estamos llenos”, explica Cristina Martínez, responsable de Gracia Work Center, uno de los primeros establecimientos que se abrieron en Barcelona. Periodistas, diseñadores gráficos y programadores informáticos, la mitad de ellos procedentes del extranjero, conviven a diario en la misma oficina sin pertenecer a la misma empresa. Algo que hace unos años podría resultar extraño, pero que con la crisis mucha gente lo ha visto como una salida. “Es un cambio en la mentalidad del trabajo, ya que ahora ya no podemos esperar a que nos llamen para una entrevista laboral”, añade.



En otros países europeos, como Alemania, donde la iniciativa emprendedora tiene una mayor fortaleza, el coworking es algo más habitual que en España. Pero la inercia empieza a cambiar. Por un lado, algunos profesionales, ante la imposibilidad de ser contratados, han optado por poner en marcha su propio proyecto laboral; por otro lado, el auge de la tendencia también se explica por el hecho de que un gran número de autónomos con local propio han decidido cerrar la persiana y trasladarse a uno de estos locales por la reducción de costes que esto supone.



Una fórmula que genera oportunidades de negocio

El coworking es una nueva filosofía laboral, al menos es lo que sostienen un gran número de profesionales que convive en estos centros. “Ir a trabajar por la mañana y ver a tanta gente profesional, poder charlar con ella, tomar un café y explicarnos nuestras inquietudes es muy enriquecedor”, explica Josep Cano, diseñador de interiores y gerente de Loftcowork, un antiguo almacén industrial del barrio del Poble Nou, en Barcelona, que ha convertido en una oficina de vanguardia. Para Cano es muy importante seleccionar el tipo de autónomo o free lance que ocupará una de las mesas del loft, lo cual propicia que se produzcan sinergias y un buen ambiente de trabajo. “A veces surgen proyectos en común: una empresa de diseñadores gráficos me puede ofrecer diseñar su estand en un congreso, y yo puedo solicitar sus servicios para el diseño de mi página web”, comenta.



El coworking también puede generar situaciones peculiares, como, por ejemplo, que en una misma oficina convivan dos empresas que en un momento dado podrían competir por un determinado cliente. Este es el caso de Capellades Disseny y Fayos Creativos, ambas instaladas en el espacio ideado por Josep Cano. “Aún así siempre nos respetamos y nunca le quitaría un cliente a un compañero de oficina”, matiza David Fayos, que hace un año se trasladó, junto con dos personas más de su empresa, a este centro de coworking con el fin de “adaptarse” a la crisis. A Francisco Capellades y Guillem Capellades también les sucedió lo mismo y valoran la experiencia positivamente. “Los costes han bajado considerablemente, ya que antes pagábamos por un local casi 1.800 euros mensuales y ahora solo 600 euros”.



Lo cierto es que este negocio se consolida en España. Un síntoma es que entre el 25 y el 26 de mayo se celebrará en Madrid la primera conferencia española de coworking. El evento contará con la presencia de gestores de este tipo de espacios, inquilinos, humanistas y sociólogos con el objetivo de discutir sobre el nuevo modelo de trabajo, económico y social, que pretende ser el coworking.

La vanguardia. 9/03/12 Nuria

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