Más de León Salvador, los antiguos vendedores callejeros

Es bien claro que la filosofia de este post es rescatar el principio de la venta y encontrar similitudes con los actuales. Hablar de vendedores callejeros que han desaparecido en su estilo y calidad. Leyendo hoy en el Correo. com una nota de OLMO, que habla de los populares charlatanes que constituían un numero especial en nuestros esparcimientos callejeros.

El mas famoso charlatán que hubo en España, fue el popular León Salvador, al que yo conocí bien cuando en las fiestas de la villa montaba su puesto de venta en la plaza de Zabalburu, uno de los escenarios de nuestros juegos. León Salvador anunciaba su presencia con una gran pancarta colocada en lo alto de dos farolas con un texto que aun hoy recuerdo letra por letra: «Aquí esta León Salvador, el más popular de España».


Bajo aquella pancarta cerca de la esquina con San Mamés, se colocaba el hombre en su automóvil descapotable (uno de aquellos populares coches 'Ford-T' que se suelen ver en las películas de Charlot) que le servía de transporte, de tribuna y de almacén. Y desde allí, con un gracejo inimitable y una popular verborrea, sencilla pero expresiva y convincente, cautivaba a su numerosa concurrencia.



Salvador era de color moreno, feo pero expresivo. El solía decir que tenía una cara de «pan de munición» y vestía siempre con su traje, chaleco, corbata y sombrero. Aquel sombrero que en los momentos mas efectistas de la venta solía quitarse, se lo colocaba en el pecho, volvía sus ojos al cielo e invocaba a la Virgen para que le perdonase, «porque esta vez me arruino».


El público se dejaba cautivar por sus efectos oratorios y vendía, ya lo creo que vendía. Tenía un ayudante que se encargaba de ir llevando los artículos a los clientes y cobrando su importe, siempre fiel y diligente a pesar de que su jefe advertía a la clientela con una graciosa cantinela: «No le den propinas que se las gasta en vino».


Entre los artículos que más popularidad le dieron estaban sus famosas hojas de afeitar 'Piel roja', y unos relojes suizos de pulsera, de los cuales conozco una anécdota personal y curiosa. Mañana se la contaré 'Deo volente'.

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