Personas con marketing, ejemplo Belén Esteban

Me ha gustado este articulo de cómo se crea una imagen de marca y un personaje como el que va escribir la señora Susana Golf para el Levante  EMV.
Hablar de un personaje que hace doce años nadie sabía quién era Belén Esteban. La pasada Navidad, cuando acababa de someterse a una operación de cirugía estética y dio las campanadas en Telecinco —la cadena que la ampara— su nombre era el más buscado en Google en toda Europa. ¿Por qué?, ¿qué ha pasado en ese tiempo?, ¿cómo llega una «chica de barrio» a ser «princesa del pueblo»?, ¿es Belén un fenómeno mediático o algo más?, ¿tiene fecha de caducidad?


Son muchos los que han intentado dar respuesta a estas preguntas. Y no sólo desde el universo trash. Esta noche, la cadena que explota el filón Esteban —y que ha «creado» al «monstruo», en extendida opinión— estrena, como si de un cara a cara electoral Zapatero-Rajoy se tratara, un programa especial vestido como documental. El martes por la noche se celebró por todo lo alto el preestreno en un cine de Madrid. El enigma Belén será analizado por una veintena de personas, entre las que se encuentran el divulgador científico Eduard Punset, una catedrática de lengua castellana, un sociólogo y un ex asesor de Felipe González, Joaquim Llorente.

Al margen de estrategias comerciales —la «copresentadora» de Sálvame es la gallina de los huevos de oro de las audiencias de la cadena de Fuencarral— y de lo efímera o discutida que pueda resultar, la ex de Jesulín de Ubrique trasciende las fronteras de la telebasura. Miguel Roig lo analiza en Belén Esteban y la fábrica de porcelana (Península). Roig, director creativo de la empresa publicitaria Saatchi&Saatchi, sitúa a la madrileña como líder de un nuevo género, la hiperrealidad, un híbrido entre los culebrones y los reality shows.



De Berlín a la hiperrealidad

La madrileña vende. Tanto audiencias como sartenes. ¿Por qué? Según Roig, porque su historia, especialmente su sufrimiento, se ofrece día a día, a la vista de todos. El autor llega incluso a relacionar su éxito televisivo con la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría. Como lo leen. A raíz de la crisis de valores fruto del final de la división del mundo en dos bloques, los ciudadanos se refugiarían en los dramones de las telenovelas. La telerrealidad es un paso más, los protagonistas de la vida en directo ya no son actores, sino personas corrientes, anónimas. Belén Esteban, a través de su programa diario (Telecinco dedica casi veinte horas semanales a su musa) sería el último peldaño.

El prestigioso columnista de Le Monde Christian Salmon (autor de un estudio sociológico en torno a la modelo británica Kate Moss) prologa La fábrica de porcelana. Y deja para la posteridad esta definición: «Una virgen digital, una María Magdalena del culto catódico.»



La voz del pueblo

Además del comercio de su vida, existe otra clave, en la que ya buceaba otro libro anterior, Belén Esteban, una chica de San Blas y poco más, de Julián Fernández Cruz. Justo ésa. Belén es una chica corriente, de barrio, la vecina de al lado de cualquiera. Existe un alto grado de identificación con su lenguaje directo. Tanto que ella es, para algunos, «la voz del pueblo». Un estudio de Sigma Dos augura que, si se presentara hoy a unas elecciones, obtendría representación parlamentaria.

No es la primera vez que esta mujer, surgida de la nada sin más currículo que ser la madre de la primera hija de un torero y de escasa cultura —y éste parece ser otro de sus secretos— es objeto de atención. La Universidad de Sevilla le dedicó una tesis, co­mo «heroína posmoderna» y el personaje del corazón que más cobra (se llegó a decir que más que el presidente del Gobierno).

Y, aunque es una de las reinas del papel cuché —Lecturas es su revista de cabecera; el estatus de ¡Hola! se le resiste— la prensa seria tampoco le hace ascos. Fue noticia en los informativos cuando el Defensor del Menor de Madrid le abrió un expediente; La Razón acaba de publicar un extenso reportaje que analiza (¡atención!) el papel de su marido, el discreto camarero Fran Álvarez y El Mundo llevó a cabo una encuesta en la que ella aparecía como el personaje más odiado de España junto a Carod-Rovira. Tiene partidarios y detractores, la aman o la odian, pero todos hablan de ella, bien o mal, pero hablan.

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